La clasista crítica al CAE

Con la vuelta de Lagos a la política contingente, se han redoblado la fuerza a las críticas al aún vigente Crédito con Aval del Estado que como presidente firmó en ley el 2005. Muchas de ellas tienen gran urgencia: como país debiéramos hacer mucho más y mejor que condenar a miles de estudiantes a deudas de altos intereses como única opción para cursar sus estudios. Se han presentado mejoras sustantivas al sistema de créditos, como el proyecto del gobierno de Sebastián Piñera que quitaba la administración de estos de los bancos y la pasaba al Estado, limitando las cifras a pagar a un porcentaje del sueldo de cada persona y asumiendo que si este sueldo era muy bajo, no se pagaba nada. Pero, lamentablemente, esquemas de ese tipo requieren recursos del Estado que hoy han sido absorbidos completamente por el énfasis en torno a la gratuidad que hoy beneficia a una porción de los estudiantes de Chile. El proyecto duerme el sueño de los justos en el congreso y el gobierno de Bachelet no ha movido un dedo para mejorar los créditos estudiantiles.

La lógica política pareciera ser que cualquier mejora al sistema de créditos va en un sentido diferente al objetivo de la educación superior gratis para todos y, por lo tanto, no es prioridad. Una lástima condenar así a tantos miles de profesionales y actuales y futuros estudiantes a peores condiciones que las que ofrecemos como país.

Pero la crítica necesaria a lo que hoy tenemos se transforma en otra cosa cuando se afirma retroactivamente que el CAE fue negativo para Chile. Y esa convicción, que se ha tomado la opinión pública como fuego en pradera de pasto seco, está profundamente equivocada. Aquí se ocultan desde desconocimiento histórico básico, hasta un enferborizado clasismo.

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