Melnick en TV

Beatriz Sánchez se negó a asistir al programa “En Buen Chileno” de Canal 13, ya que tiene como panelista estable a Sergio Melnick, ex ministro de la Dictadora de Augusto Pinochet, y usual justificacionista de ese régimen. Esto ha causado una buena polémica, donde se ha acusado a la candidata del Frente Amplio de censuradora y se ha levantado la libertad de expresión como valor en riesgo. Lo que me causó a mi el tema fueron cosas diferentes.

Lo primero, es que me provocó incomodidad que una candidata presidencial esté juzgando a los medios según quiénes son o no panelistas. Eso es riesgoso, ya que el rol de los medios es fundamental en la relación de las candidaturas y la ciudadanía, fortaleciendo la democracia. Cuando es una candidatura la que esgrime este tipo de justificaciones para no participar de ciertas conversaciones en medios, no le está haciendo un buen favor a la democracia chilena. Además, Sánchez ha tenido un destacado rol en los medios chilenos, desde donde pudo haber dicho algo antes sobre un problema que sería, principalmente, de los mismos medios. ¿Dónde estuvo ahí?. Dicho eso, lo que hizo la candidata no fue ni censura ni violar la libertad de expresión de nadie. Sí puso el tema sobre la participación de personas como Melnick con espacio estable en TV. Y ese es un tema relevante, para el que se justifica dejar de lado momentáneamente el hecho que haya sido Beatriz Sánchez, candidata, la realizadora de la denuncia.

Primero, es importante recordar que los medios tienen absolutamente todo el derecho a poner a quien quieran en sus pantallas. Es parte de la libertad de expresión. Otra cosa es si su decisión pueda ser correcta. Esa corrección o falla puede ser analizada desde la moralidad, desde el sentido de bien común, o incluso desde la corrección política. Un buen ejemplo es el espacio estable que el mismo Canal 13 le dio por meses al infame “Doctor Soto” en su matinal, dándole plataforma para poner en duda preceptos de la ciencia y la medicina que salvan vidas, y esparciendo charlatanerías que en el mejor caso eran estafas de baja calaña y en sus casos más graves eran mentiras que, de ser tomadas en consideración, arriesgaban en forma seria la salud de los telespectadores y amenazaban la salud pública de Chile. Entonces, ¿tenía derecho el Canal 13 a poner en su pantalla al Doctor Soto, sabiendo a qué iba? Absolutamente. ¿Era correcto ponerlo en pantalla? Absolutamente no. Sacarlo de pantalla no fue una censura, sino que fue una decisión del canal, tomada en libertad. Un ejercicio de libertad de expresión.

¿Y en el caso de Melnick?

Sergio Melnick escogió libremente ser ministro de la dictadura de Augusto Pinochet que tanto daño causó a Chile en tantos niveles. E incluso si no supo de los peores daños y crímenes entonces, definitivamente los conoce ahora. Entonces, ¿es uno de los muchos ex miembros de regímenes autoritarios, ladrones y asesinos que sienten contricción por lo hecho y han cambiado profundamente desde entonces? No. Es un justificacionista, aún hoy. Afirma que si bien hubo excesos, lo obrado en todos los ámbitos de esa dictadura valieron la pena. Que se siente orgulloso de su participación entonces y que defiende el legado hoy. Puede intentar separar el legado en DD.HH. de todo lo demás, pero futilmente, ya que el legado es uno solo, con lo bueno, lo malo y lo horrible. La dictadura cívico militar fue una, indivisible, independiente de la conveniencia de uno u otro de tomar algunas cosas y dejar las demás. Alguien que ocupó cargos de importancia, como ser ministro en tal dictadura, fue parte de todo el proceso. Si fue cómplice o partícipe directo de violaciones a los DD.HH. es un asunto de los tribunales y de cárcel. Si no fue cómplice ni partícipe directo de violaciones a los DD.HH. ni de otros delitos, entonces la persona no corresponde que pase por la cárcel, pero tampoco corresponde que pierda su categoría de partícipe en una dictadura asesina y ladrona. Eso es una marca que uno llevará toda la vida. Lo que importa luego, es qué hace uno con ello y sobre ello. Algunos muestran arrepentimiento. Otros dedican su vida a que otros no repitan los errores propios. Otros, como Sergio Melnick, llevan la marca con orgullo, defendiendo su legado y su significado.

Y en eso puede no haber problema. Si no cometió personalmente delitos, Melnick estará legítimamente libre y puede pensar lo que quiera y decir lo que quiera y tener todo el derecho de pasar los últimos años de su vida ejerciendo su profesión en forma privada y el resto del tiempo en paz y en familia. Pero escogió seguir siendo una figura pública, a través de su opinión y figura, y a través de medios. Su opinión justificacionista y su figura representativa del régimen del que fue parte protagónica y que aún defiende.

En Chile hemos tenido casos con algunas similitudes. Grandes autoridades políticas o del ejecutivo de gobiernos que reconocen fueron dañinos para el país o, al menos, que cometieron grandes errores dentro de los cuales ellos mismos cargan con parte de la responsabilidad. Es el caso de muchos ex partícipes del gobierno de Allende. El que ni fue una dictadura ni violó sistemáticamente los DD.HH. como quienes los sucedieron. Pero para muchos, el haber sido menos antidemocráticos y menos dañinos que quienes vinieron después, no era razón suficiente como para quedarse tranquilos y pasar piola ante sus roles en grandes daños o errores. Muchos sortearon grandes procesos de autocrítica tanto privados como públicos. Muchos se renovaron. Muchos (no todos) reconocieron sus errores ante el país antes de volver a pedir espacio a través de vías democráticas, o en la discusión pública. La contricción era notoria. Y varios escogieron salir definitivamente de la esfera de lo público, asumiendo que sus figuras más dañaban que sumaban. Carlos Altamirano, por ejemplo, sigue vivo. Retirado de la política, pero no de la reflexión. A pesar de haber tenido un rol protagónico en la renovación de la izquierda chilena post experimento marxista. Reconoció que si bien sus ideas tenían espacio, su figura no. ¿De cuántos ex partícipes de la dictadura de Pinochet podríamos decir lo mismo? Realmente pocos. Sergio Melnick definitivamente no es uno de ellos. Ni renovación, ni contricción, ni reflexión ni retiro. Es el mismo ex ministro, y orgulloso de serlo.

Entonces, entendiendo que el Canal 13 tiene todo el derecho a poner a quien quiera en sus pantallas, ¿debiera tener a Sergio Melnick como panelista de un programa de opinión política?

Absolutamente No. Sergio Melnick, como figura justificacionista, provoca un daño y amenaza a la democracia actual, tan grande, como el daño y amenaza a la salud pública de Chile que provocó el “Dr. Soto” en el mismo canal, antes que decidieran sacarlo de pantalla para evitar dañar más. No puede ser normal tener a ex ministros aún justificacionistas de un régimen asesino y ladrón, ocupando sillas permanentes en un medio para forjar la opinión pública del país. Eso habla pésimo sobre el medio, sobre sus dueños y sobre cómo ellos valoran la democracia.

Melnick no debiera esperar tener derecho a un espacio socialmente legitimado como parte de la opinión pública del país. Tiene derecho a intentarlo. Pero su rol personal público debiera ser incompatible, o al menos provocar permanentes y fuertes roces, con el hecho de vivir en una democracia robusta que se protege a sí misma. Esto no es una incompatibilidad democrática con sus ideas, ya que conservadores pro empresa como él hay muchos que perfectamente podrían tener un rol no sólo legítimo, sino también necesario en el debate público. El problema no son sus ideas, sino su figura y lo que representa. La señal que se da a las nuevas generaciones de que participar en algo como lo que él participó, no tiene consecuencias sociales ni morales en nuestro país. El cómo este hecho deja parada a nuestra democracia y su defensa como valor.

Pero entender lo anterior es difícil, ya que la dictadura en Chile nunca fue totalmente derrotada, como en otros países. En España la derecha postdictatorial tuvo que renovarse completa y jubilar a sus peores figuras antes de poder pedir a los ciudadanos nuevamente un espacio legítimo tanto en el debate como en la democracia. Similar derrotero tuvieron algunos poscomunismos de europa oriental, al menos los que lograron renovarse para poder volver a buscar verosímilmente el poder en vez de quedarse como piezas de museo de otras épocas, rechazadas por sus ciudadanos. En Chile la izquierda postallendista sí vivió una fuerte renovación. Pero, teniendo mucho mayores razones para hacerlo, la derecha postpinochetista nunca hizo eso, ni en término de sus figuras, ni en términos institucionales. Aún hoy la declaración de principios de la UDI vanagloria el tomar el poder por la vía armada, destacando lo hecho en el pasado y, por añadidura, amenazándonos con legitimar hacerlo nuevamente.

Pero el que la dictadura no haya sido derrotada completamente no implica que sus legados deban ser moralmente aceptados en el país. Ni que sea aceptable seguir dándole espacio a quienes representan ese legado a través de su destacada participación en el pasado, sumada a su continua justificación actual. No más. Esto no es un ataque a la libertad de expresión, ni es un veto. Es un llamado a que un canal de TV ejerza su libertad de expresión para sacar de pantalla a una herida sangrante de nuestra democracia. Que reemplace a esa figura con otra de ideas similares, pero legítima social, moral, histórica y éticamente. Los cómplices pasivos no son sólo los que colaboraron entonces, sino también quienes colaboran hoy, para darle un espacio en la sociedad a algo que debió haber dejado de tenerlo hace tiempo. Ya es hora de vivir en serio en democracia, de defenderla, y de exigir a todo Chile que la defienda también. De no descansar hasta derrotar a la dictadura, a la idea de dictadura, completamente.

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