Machismo de mercado: isapres vs bancos

Mucho se habla sobre la diferencia por sexo que existe en los planes pagados a las Isapres. Sobre todo en edad fértil, ya que las mujeres son más riesgosas de asegurar, los planes para ellas son sustancialmente más caros. La justificación está en la concepción individual del seguro, que cada persona debiera asumir el mayor o menor riesgo que trae al sistema. Así, se evita que hombres subsidien a mujeres en prestaciones que ellos no utilizarían personalmente. Criticable, socialmente dañino, necesario de ser modificado, pero al menos guarda cierta coherencia conceptual.

Pero menos se habla de los casos donde las mujeres tienen menor riego para los sistemas económicos. Un buen ejemplo es en su consistentemente mejor condición de pagadoras de créditos a bancos e instituciones financieras. Sobre su mejor capacidad de ahorro y su mayor responsabilidad financiera en sus vidas personales. Entonces, si el sistema financiero fuese conceptualmente coherente con lo que defiende para la salud, debiera también serlo para los bancos, ¿cierto? Los intereses de los créditos reconocen el menor riesgo que estos tienen cuando son entregados a mujeres, por lo que sus precios deberían ser menores para ellas, ¿cierto?

Por supuesto que no. Los bancos no suelen diferenciar el riesgo entre hombres y mujeres, y los créditos tienen generalmente la misma tasa de interés para ellas que para ellos, creando así un subsidio de las mujeres hacia los hombres.

El sistema financiero debería ser coherente en sus prácticas, al menos, para no develarse tan fácilmente como machismo de mercado. Si el principio de igualdad de género es respetado, debiera serlo tanto en créditos bancarios como en Isapres. Si, en cambio, el riesgo personal es lo que debiera definir el precio de los productos financieros, entonces los créditos bancarios debieran ser explícitamente más baratos para mujeres. Y si eso llegase a ocurrir, me imagino que la batahola duraría unos 5 minutos antes que el sistema financiero fuese rápidamente corregido para igualar condiciones de hombres y mujeres tanto en créditos bancarios como en seguros de salud. Cualquier camino de coherencia debiera llevar al mismo resultado. Sólo la inconsistencia basada en decisiones tomadas por directorios donde las mujeres son apenas la excepción, es lo que explica la actual diferencia de criterio.

Porque las cuestionables injusticias que perjudican a mujeres y benefician a hombres son toleradas y justificadas por la sociedad y por el mercado. Pero, ¿lo inverso? No en este país.

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