La discusión sobre Rincón es sobre el futuro de la DC

La guerra dentro de la Democracia Cristiana parece total y abierta en torno a la repostulación de Ricardo Rincón. Pero la razón va mucho más allá de su situación de condenado (con pena nunca cumplida) de violencia intrafamiliar. Su repostulación es, por un lado, una prueba y desafío al poder de Carolina Goic, presidenta (autosuspendida en ese cargo) y candidata presidencial del partido, quien se ha jugado políticamente por sacar a Rincón de la plantilla parlamentaria. En juego está su prestigio, su poder dentro del partido y, eventualmente, su candidatura presidencial. Pero, más importante aún que esto, la actual discusión puntual no es sino un proxy de una lucha mayor de poder que existe hoy en la DC sobre el futuro del partido, que se refleja en las opciones de corto plazo, todas malas, entre las que tienen hoy que decidir. Entre los diputados y buena parte de la “clase funcionaria pública” del partido que desean bajar a Goic y pactar con la Nueva Mayoría para minimizar las pérdidas parlamentarias, versus la misma Goic junto con poderes fácticos y parte de la base partidaria que desea llegar hasta el final con la aventura independentista de la DC, se pierda lo que se pierda.

El camino de estos independentistas es pagar un alto costo de corto plazo, perdiendo buena parte de la base parlamentaria de la DC en una aventura de camino propio, y asegurando la pérdida de toda posibilidad (ya bastante disminuida, en todo caso) de ser gobierno en el próximo período. El llevar candidatura propia y lista parlamentaria propia implica tener el peor resultado parlamentario para la DC desde la década de 1950, con toda la pérdida de poder que eso conlleva. Pero, será una oportunidad para adelgazar en militantes y poder, buscando nuevamente la identidad e intensidad ideológica de un partido engordado por las décadas de relación con el Estado, los cargos y los intereses que nacen con ellos. En el corto plazo, implicaría tener un rol de bisagra con Piñera, logrando mantener algo de poder político estando fuera del gobierno y teniendo una importante palabra en qué podrá o no hacer un gobierno con asegurada minoría parlamentaria. Al la DC tener los (pocos) votos que el gobierno podría necesitar para aprobar cada elemento de su agenda, el partido podrá tener un buen pié negociador. Mucho mayor que el que podrían tener manteniéndose en la Nueva Mayoría y siendo estricta oposición.

El camino de los diputados y la clase funcionaria, es muy diferente, ya que implica minimizar las pérdidas de corto plazo tanto en el congreso como en los cargos públicos. Es unirse rápidamente a la candidatura de Guillier y a las listas parlamentarias de la Nueva Mayoría, asegurando más diputados y senadores que lo que obtendrían en el camino alternativo. Además, implicaría luchar por la posibilidad -lejana, está claro- de ganar la elección y seguir en el gobierno, con todo lo que eso conlleva. Aunque implica sacrificar la identidad del partido. Aunque implique rendirse con una bandera blanca ante el aceptado mayor poder de sus socios. Aunque implique un camino, probablemente sin retorno, hacia una decadencia progresiva pero controlada, igualando el camino que el Partido Radical realizó cuando comenzó su declive hace décadas, justamente cuando la DC surgió como fenómeno electoral y le arrebató el centro político a fines de los 1950s. Este camino implica sólo buscar el poder, buscando el camino de minimizar su pérdida de corto plazo ante cada disyuntiva, y perder toda esperanza de una agenda o identidad propia. Así, la DC sería el nuevo Partido Radical.

Pero el camino de Goic es arriesgado. El camino propio puede resultar desde dañino en el corto plazo, hasta terminal. Con una candidatura que no supera el 2 o 3% de las preferencias, la parlamentaria puede terminar siendo una masacre, terminando para siempre con el partido, logrando en pocos años una debacle que sin Goic podría durar décadas. Para ellos, el mejor caso es un partido mucho más pequeño, pero con renovados bríos identitarios e ideológicos, si es que logran construir una agenda de futuro. Pero el peor es desaparecer, y rápido.

En el otro camino, el riesgo es menor: es decrecer en peso e importancia lentamente, para desaparecer en una o dos generaciones más. Pero en el intertanto, mantener muchos parlamentarios, cargos públicos y las fuentes de ingreso de muchos militantes que de lo contrario vivirían el frío polar del mundo privado para el que no están preparados. Pero asumiendo que los mejores años están atrás, y entendiéndose como simples secundones o parásitos de los partidos y liderazgos ajenos que definirán los grandes temas de los tiempos.

Este es el momento de definición estratégica de la DC más relevante para su historia desde que decidieron pactar con sectores socialistas en 1987, formando la Concertación y apostando a conseguir el poder a través del plebiscito. Esa resultó ser una decisión espectacularmente provechosa. La actual, en cambio, tiene el pronóstico reservado, ya que el partido no tiene caminos buenos por delante. O pierden poco ahora y siguen perdiendo de a poco, o pierden mucho ahora con baja posibilidad de surgir después y con una probabilidad no menor de sufrir un desastre de corto plazo que los puede hasta hacer desaparecer para siempre.

Si la DC está dominada por quienes necesitan más el sueldo púbico que al partido, el camino resultante del choque de fuerzas internas será el lento declive radical. Si no, será el desangre rápido ahora y la apuesta hacia el futuro. De esto se trata finalmente la candidatura de Goic, de romper estructuras e inercias internas para remecer a un partido que parecía condenado a su lento declive. Y a través de la influencia política que se podría lograr para fortalecer o condenar dicha candidatura, de esto también se trata la presencia de Ricardo Rincón en la plantilla parlamentaria.

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