Francia nos muestra la dicotomía política del futuro. ¿Y Chile?

La izquierda como promotores del Estado y la derecha como promotores del mercado, fueron una dicotomía útil para el mundo de posguerra, la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI. Pero parece ser cada vez menos relevante, al menos en el occidente desarrollado. Hoy ese eje está no sólo siendo reemplazado, sino avasallado.

Las primarias y la elección en EE.UU. fueron una batalla entre fuerzas del estáblishment pro globalización, versus fuerzas populistas anti estáblishment y anti globalización. En eso, Sanders y Trump tenían bastante en común, al tocar similares notas de rebelión de clases medias que perdieron con el comercio internacional, el capitalismo y la extensión hegemónica de su nación en el mundo. Se veían perder cada vez más con su creciente desigualdad y, al menos por el lado de los pro Trump, se sentían fuertemente amenazadas por la aparente hegemonía cultural de valores liberales que no sólo eran diferentes a los suyos, sino que los sentían como un ataque y amenaza permanente a su identidad.

Mientras esa discusión se daba, el referéndum en el Reino Unido sorprendió al mundo al dar la victoria a quienes quisieron salirse de la Unión Europea, frustrados por años donde no vieron beneficios en sus vidas diarias por el comercio internacional, criticando a la élite capitalista. Aquí, tanto como con Trump, la rebelión tenía tintes xenófobos, y culturalmente contrarrevolucionarios.

Pero es en Francia donde creo que la distinción se ha dado más nítida. Donde creo que las líneas de batalla corresponden en forma más pura a las sensibilidades detrás del nuevo ordenamiento político en occidente desarrollado. Con Macron representando a una sensibilizad pro mercado, internacionalista, cosmopolita y valóricamente liberal. Mientras Le Pen representa muy bien a la rebelión anticapitalista, antiglobalizante y anti valores liberales de occidente. Donde el conservadurismo no tiene una base religiosa, sino nacional. Donde economía y democracia se supeditan al interés populista del poder.

Ni Macron ni Le Pen se pueden dibujar fácilmente en el tradicional eje izquierda-derecha. Si bien parecen ser perfectos opuestos, su oposición es en torno a otros, nuevos ejes, con Macron representando algunas de las características de parte de los viejos centros políticos y Le Pen representando valores, ideas y malestares tanto de la vieja extrema izquierda como de la vieja extrema derecha. Imaginemos la vieja línea de la izquierda-derecha como un hilo puesto sobre una mesa y tomémoslo por el medio, levantándolo. Ambos extremos caerán abajo, uniéndose y formando un hilo ahora más corto. El extremo que tenemos tomado con los dedos sería Macron. El extremo formado por la unión de las viejas dos puntas, que cuelga al vacío, sería Le Pen. Esa es una posible representación para el nuevo eje, incompleta pero útil.

Entran globalización versus nacionalismo, apertura versus identidad, capitalismo versus populismo. Salen igualdad versus libertad, estado versus mercado, conservador versus liberal.

Entonces, en Chile. ¿Quién sería Macron y quién sería Le Pen? ¿Quiénes serían los representantes de los extremos del nuevo eje?

Primero, Chile no es parte del occidente desarrollado. Nuestro país no comparte todas las características que dieron forma a ese nuevo eje político. Si bien nuestra desigualdad de ingresos y poder es grande, nuestro país fue de los grandes ganadores de la globalización, aumentando fuertemente el ingreso de capas bajas y medias en las últimas décadas, mientras que en países desarrollados, particularmente las capas medias, mantuvieron sus ingresos constantes. Pero sí compartimos, sobre todo en los últimos años, una profunda desconfianza a las élites y vivimos en medio de un gran desafío cultural a los valores capitalistas. Aunque de la contrarrevolución conservadora no hemos visto mucho.

Dicho eso, entre las candidaturas o fuerzas políticas actuales, uno podría definir a Macron en un espacio que tiene en su interior a Velasco, al derrotado Laguismo y al menos a parte de Evópoli. Curiosamente, en 3 coaliciones diferentes. Ahí está el compromiso con la globalización y la apertura cultural, la cosmovisión cosmopolita, la idea de progreso social a través del mercado y el compromiso con los valores liberales de occidente, la democracia y la libertad. Ellos serían uno de los dos extremos del nuevo eje político.

A Le Pen es más difícil encontrarla. Pero hay definitivamente rasgos en el populismo conservador de Ossandón. En la rabiosa contracultura de José Antonio Kast. Pero sobre todo en varios elementos en el mundo que hoy compone el Frente Amplio (para no hablar de Beatriz Sánchez, quien aún se está presentando políticamente), entre los que caben su crítica a la globalización, que compartirían con Ossandón, la estrechez de su ortodoxia cultural, que comparten en forma con J.A. Kast, y su desprecio total a todo lo que parezca ser una élite.

Con todo, el Frente Amplio es más Melenchón que Le Pen. Aunque el candidato de izquierda dura francesa, al tener que escoger entre el nacionalismo de Le Pen y la apertura pro mercado de Macron, llamó a no votar. Porque entiende que el eje izquierda-derecha tradicional que lo llamaría a votar por el centro en vez de la supuestamente más dura derecha, ya no existe. Porque sabe que si bien no es lo mismo, comparte demasiado con Le Pen como para afirmar que su enemigo común, el universalismo liberal de occidente, sería preferente a ella. Llamó a no votar, porque el nuevo eje todavía no está suficientemente instalado. Porque si lo estuviera, su llamado probablemente habría sido a votar por Le Pen. Y si ese nuevo eje se instala con fuerza en Chile, no tengo dudas que el Frente Amplio haría lo mismo.

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