El problema de EE.UU. no es Trump, sino su pueblo

Acaba de terminar la primera gira internacional de Donald Trump. Desde una perspectiva geopolítica, fue un fracaso de dimensiones planetarias. El ataque e insulto permanente a sus aliados históricos, terminó de hacer oficial la pérdida del liderazgo del mundo libre, tanto por parte de EE.UU. como país, como por la institución de su presidente.

Ian Bremmer, recientemente en Chile, acaba de proponer que si EE.UU. deja de promover valores democráticos, ya no existe tal cosa como un mundo libre. Y que si hubiera alguien lo más parecido a su líder, sería hoy Angela Merkel. Tal vez con Justin Trudeau y Emmanuel Macron de mosqueteros a su lado. Justamente la canciller Alemana dijo a los suyos, tras el fin de la gira de Trump, que los tiempos en que podían tener confianza de su aliado al otro lado del atlántico, habían quedado atrás. Que Europa debía acostumbrarse a defender sus propios intereses y valores, su destino, por sí mismos.

Uno se podría preguntar: ¿Cómo puede un presidente como Trump cambiar tanto y tan rápido las alineaciones geopolíticas de largo plazo en el mundo? ¿No debería el retorno a la normalidad de EE.UU. con otro presidente en probablemente 3 años y medio devolver las cosas a su lugar histórico?

Partamos por la segunda pregunta: Probablemente no. Justamente porque las relaciones son de largo plazo, las confianzas también deben serlo. Y al haber escogido a alguien como Trump, con sus valores anti ilustración, anti globalizantes, anti internacionalismo y anti liberales, el pueblo norteamericano cruzó una puerta que se cerró a sus espaldas y no la podrá abrir fácilmente: Tal como escogió a Trump ahora, en 4, 8, 12 o 20 años más, podría escoger a otro presidente similar. Y las relaciones de confianza de largo plazo no se pueden mantener con esa espada de Damocles colgando sobre el cuello de occidente.

Ahora podemos responder la primera pregunta: Una persona no puede fácilmente cambiar alineaciones geopolíticas de largo plazo. Pero las millones que votaron por ella, sí. Trump no cambió la alineación geopolítica del mundo, lo hicieron sus votantes, el pueblo estadounidense, que aún hoy, con todo lo que sabemos, mantiene la aprobación de Trump apenas bajo el 40%. La pérdida del histórico liderazgo internacional de esa nación no fue un evento temporal, sino uno estratégico, de largo plazo y del que parece no haber vuelta atrás.

Si con el derrumbe del muro de Berlín cayó una de las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo XX, el mundo unipolar no duró mucho más. El 2016, en las urnas, se derrumbó la potencia que quedaba. El mundo libre con liderazgos claros ya no existe.

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