El debate

El debate presidencial de ayer era la última gran oportunidad que tuvieron las candidaturas para conectarse con los votantes y entregarles su visión de país. Y vaya que fue una gran oportunidad: rating de 44 puntos que hoy en día sólo se ve en partidos de la selección. Si juzgamos el debate por quién se acercó más a La Moneda gracias a él, definitivamente el ganador fue Piñera. Sólo un completo desastre para él podía mover en forma significativa la elección en su contra, lo que claramente no ocurrió. Por lo tanto, en lo importante, fue una oportunidad en general perdida para todos los demás.

Guillier, atacado por todos los flancos, no logró montar una defensa eficaz, y se vio inseguro y con poco manejo. Sólo pudo lucirse hablando de descentralización. Sánchez tuvo un desempeño de pocas luces, sin conectar. Los dos periodistas que supuestamente serían los grandes comunicadores, han sido un fiasco en cumplir las altas expectativas que sus respectivas coaliciones pusieron en ellos. El debate en TV, con la mitad de Chile pegado a las pantallas, era su gran oportunidad. Y de aprovecharla, poco.

En la segunda división, en la pelea por el 4to lugar, que parece ser lo único que falta por definir y demuestra la total fomedad de la elección, MEO se mostró exaltado en la primera mitad, peleándose con candidatos y periodistas, y cansado en la segunda mitad. Cual Jorge Valdivia, jugador para el que sus mejores días están detrás, parece capaz de jugar sólo un tiempo del partido. Carolina Goic logró poner su mensaje por delante, participando menos de las disputas que ocurrían a su alrededor, pero sin ser capaz de demostrar aún que mensaje o mensajera sean realmente un aporte para el electorado. Finalmente Kast logró asestar varios momentos notables, en los que arrojó lo programático por la ventana y aplicó emocionalidad pura. Como candidato, probablemente es el más efectivo de todos en conectarse con su propio electorado. La duda es cuán grande ese electorado finalmente será.

En tercera división, poco que destacar. Navarro feliz como el candidato antivacuna, ya que cuando marcas 0,5%, representar algo, cualquier cosa, es pura ganancia. Artés en lo suyo, casi como alivio cómico de un panel que se veía cansado, inseguro y básicamente aburridos. Sólo MEO demostró entusiasmo en la primera mitad, y Kast en la segunda. Los demás, parecían no querer estar ahí.

Para la historia, la victimización exagerada de MEO, los gráficos truchos de Piñera, el “paso” de Guillier, una nueva Piñericosa, la defensa a Lenin de Artés, y el “método natural” de Kast.

¿Y los periodistas? Mixto. Mucha exigencia innecesaria del dato puntual y del “te pillo con esto” que llevó a la increíble respuesta de Piñera reconociendo que no se acordaba de un número. Debe ser primera vez en sus 30 años de candidaturas que alguien logra sacarle eso. De lo realmente importante, de ser vehículos para facilitar a las candidaturas transmitirle a los electores y televidentes qué es lo que los mueve, cómo es el país que sueñan, y cuáles son los valores y principios que los tienen compitiendo, poco. Y dada la gran oportunidad de la ocasión eso es una lástima.

Cuando los candidatos no demuestran siquiera tener ganas de debatir y los periodistas no nos hacen fácil decidir, difícilmente quedaremos con muchas ganas de ir a votar. Será el sentido de liturgia electoral, el amor al país y la conciencia democrática de cada uno lo que nos hará levantarnos de todas formas en la mañana del domingo 19 para emitir nuestros votos. Yo voy. Al menos para votar por mi candidato a diputado, Luis Larraín.

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