Con los fondos de pensiones podemos cambiar Chile

Estamos lejos de tener un sistema de pensiones adecuado o que goce de legitimidad ciudadana. Las duras verdades son: las pensiones en Chile son bajas por acción en dictadura y omisión en democracia. Son bajas porque los sueldos en Chile son bajos. Son bajas porque el dinero que mensualmente sumamos a esas pensiones es poco. Son bajas porque el mercado laboral chileno tiene demasiada informalidad. Son bajas por la baja participación laboral de nuestra población. Y si nos pasáramos a un sistema de reparto, que no solucionaría ninguna de las razones anteriores y que implicaría expropiar los ahorros de las familias chilenas y perjudicar a nuestros hijos y nietos, las pensiones serán tarde o temprano aún más bajas. Pero en esos ahorros tal vez está la llave para tener no sólo pensiones más dignas, sino que hacer de Chile un país más justo y más desarrollado. Va la explicación y la propuesta:

Ya sea por voluntarismo, incompetencia o cobardía, el actual sistema previsional partió con parámetros que asegurarían bajas pensiones, particularmente el bajísimo porcentaje de los sueldos que va a cotización previsional. Se habla mucho que los actuales malos resultados son por razones demográficas y no de diseño, pero nadie puede argumentar que el aumento en la expectativa de vida, la baja formalidad, continuidad y participación laborales fueran una sorpresa, ya que eran las características con las que Chile llevaba viviendo por décadas. Quienes diseñaron las AFPs y quienes por décadas vieron el problema venir y escogieron no hacer nada por la dificultad política de las reformas necesarias, debieran retirarse de la discusión pública avergonzados, o recibir el merecido desprecio ciudadano por una labor pésimamente hecha que le causó grandes daños a Chile que hoy debemos enfrentar a mucho mayor costo que si se hubiera hecho a tiempo.

¿Es entonces alternativa el regreso a un sistema de reparto? No. Bajo cualquier perspectiva lo que teníamos antes de las AFP era aún peor: Si bien todos pagaban con impuestos directos o indirectos por previsión, sólo la mitad de los jubilados recibía algo y lo que cada uno recibía dependía más de la presión política de su respectivo gremio o sector económico, que de su aporte a la economía o del sueldo que ganaba. El mejor ejemplo de lo que tuvimos es hoy Gendarmería: todos pagamos para que algunos privilegiados se llenen los bolsillos por cercanía política mientras el resto recibe poco o nada.

Y peor, las mismas matemáticas nos aseguran que un sistema de reparto sólo empeorará con el tiempo. Si las pensiones quisieran asegurar un 70% de su sueldo histórico a los jubilados, incluso si consideramos que todos cotizamos todo el tiempo (el mundo real no es así, los resultados son peores), hoy se necesitaría cerca de un 15% del sueldo de cada uno para financiar a los jubilados. Cuando hayan 4 trabajadores por cada jubilado, se necesitaría 18%. En 15 años, cuando tengamos 3 trabajadores por cada jubilado, necesitaremos el 23%. Y en unos 40 años, con 2 trabajadores por cada jubilado, se necesitará un impuesto al 35% del sueldo sólo para pensiones. La educación, la salud, las viviendas y los bonos tendrán que salir de impuestos adicionales. Podríamos tomar, como Argentina, todo lo ahorrado en las AFPs y asegurarnos varios años, tal vez un par de décadas de pensiones dignas. Pero sería pasarles a nuestros hijos y nietos un problema mucho mayor del que tenemos hoy. Eso no es solidaridad generacional, sino todo lo contrario. Y en Chile, ninguna política que asegure que nuestros hijos estén peor que nosotros será bien recibida.

Por todo lo anterior, un pilar de ahorro individual es fundamental. Permite que las pensiones crezcan durante décadas mientras rentan. La rentabilidad promedio de 8% anual de los últimos 30 años implica que cada peso que se puso hace 30 años en el sistema, hoy son casi 9 pesos. Cada peso que se pone hoy en el sistema, incluso si proyectamos las actuales menores rentabilidades anuales de cerca del 4%, en 30 años serán más de 4 pesos. Esa multiplicación de los recursos es tal vez lo único que las AFPs hacen bastante bien. Si vamos a salvar algo del actual sistema, que sea eso.

Lo importante en la discusión es defender lo fundamental y estar dispuesto a ceder en lo demás. Lo fundamental es, dadas las tendencias demográficas, tener un importante pilar de ahorro individual que rente y se multiplique en el tiempo. Lo fundamental es asegurar ingresos mínimos a jubilados que no alcancen a tener ahorros suficientes, a través de un pilar solidario. Las AFPs, como las conocemos, no son fundamentales. El interés de cada uno de los millones de jubilados y trabajadores que reciben o recibirán bajas pensiones debiera importarnos más que mantener el status quo de una industria que ha tenido exageradas rentas gracias a una regulación estatal entre favorable a obsecuente.

Vamos a la propuesta:

Mucho se ha hablado últimamente de la cantidad de recursos que están en los fondos de pensiones, de propiedad de los trabajadores, pero administrados por las AFP. Hoy son más de 160 mil millones de dólares. Más del doble de la fortuna de Bill Gates, o unas 16 veces la totalidad de los recursos de la familia Luksic. Son más recursos que la suma de las familias que financian la política chilena. El potencial que tienen esos recursos si son usados para lograr objetivos económicos y sociales es enorme.

Pero el único parámetro que, por diseño, guía la inversión en Chile de esos recursos es la búsqueda de la rentabilidad. En principio parece adecuado: mientras mayor sea la rentabilidad, más se multiplican los recursos que los trabajadores ahorran en las AFP. Pero en el camino olvidamos que la rentabilidad no es lo único que importa para tener buenas pensiones. También importa el nivel de salarios de los trabajadores, la disminución de sus lagunas previsionales, la participación laboral de la población, la formalidad del empleo a través de  contratos de trabajo. Imaginemos que usáramos el poder económico de los fondos de pensiones para avanzar en todos esos objetivos.

La propuesta, entonces, es pasar del objetivo de aumentar la rentabilidad, al objetivo de aumentar las pensiones. 

Imaginémonos que las AFPs o las organizaciones que las reemplacen inviertan preferentemente en empresas que empujen el mercado laboral con mejores salarios para sus trabajadores. Incluso si la rentabilidad de esas inversiones pudiera ser marginalmente menor a una inversión promedio, los enormes recursos de los fondos de pensiones estarían creando un poderoso incentivo económico para subir los salarios de buena parte del mercado laboral, aumentando el monto cotizado mensualmente y teniendo así un mayor impacto en las pensiones finales que la menor rentabilidad recibida.

Imaginémonos también privilegiar inversiones en empresas que realizan labores de outplacement para minimizar el tiempo de desempleo de sus trabajadores despedidos o renunciados tras trabajar en ellas. Privilegiar inversiones en empresas que contraten grupos de trabajadores que hoy participan menos del mercado laboral, como mujeres, jóvenes, personas con discapacidad o chilenos que pagaron deudas a la sociedad mediante penas de cárcel. Privilegiar inversiones en empresas que no cuenten con trabajo informal. Todo lo anterior, mientras la posible menor rentabilidad de esas inversiones sea al menos compensada por la mejora en las pensiones promedio esperadas del sistema.

Pero las empresas que reciben este tipo de inversiones son generalmente grandes empresas, que cotizan en la bolsa. Por ello, si hacemos extensivas las condiciones anteriores a todas sus cadenas de suministros, el impacto económico llegará con fuerza a sus proveedores, las pequeñas y medianas empresas de las que depende buena parte de los trabajadores del país.

Lo que tendríamos sería una economía que ofrecería mejores salarios a los trabajadores, con menores períodos de desempleo, con mayor participación laboral, y con mayores tasas de empleo formal. Con los ahorros previsionales usados activamente y puestos al servicio de los trabajadores, podemos construir un país más justo mientras aseguramos mejores jubilaciones para todos.

Nuestros fondos de pensiones son un gigante dormido que puede cambiar Chile para mejor y para siempre. Despertémoslo.

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11 Comments

  1. Suena lindo, pero es dificil invertir en empresas que no tienen “investment grade”. En teoría es más rentable, pero mucho más volatil y aumenta los costos.
    Ojo con las rentabilidades de las AFP http://mitorentabilidad.blogspot.cl/
    Yo creo q la idea de Paul Fontaine de devolver IMP pagados x empresas a cotizantes de AFP q estan en tramo menor que empresas es bueno. Y tb. si pudiéramos abrir un poco más la esperanza de vida, hoy sólo se diferencia hombre/mujer y creo q la diferencia entre un ABC1 y un D puede ser mayor a esa y significativa. A ambas cosas habria q ponerle numero.

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    1. No propuse invertir directamente en las pequeñas empresas proveedoras de las grandes, sino sólo que la información y condiciones de las grandes empresas a considerar a la hora de invertir, se haga extensiva a sus proveedores. Es decir, que cada empresa que espere inversiones de los fondos de pensiones haga trazabilidad del impacto en pensiones de la totalidad de su cadena productiva, y a partir de esa información se decide en qué empresa invertir o no. Hay decenas de propuestas dando vuelta y muchas de ellas son positivas. La que explico aquí no intenta reemplazarlas, sino sumarse a ellas. Veo una gran oportunidad sistémica no aprovechada en inversión activista de los enormes fondos de pensiones que ya tenemos y creo que si se hace en dirección a mejorar pensiones, no sólo logrará mejorarlas, sino que al hacerlo mejorará muchos otros aspectos de nuestra economía, principalmente salarios, empleo y redistribución económica.

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  2. ¿No discute la eficiencia de las AFP?

    Suponga usted que tiene dos fondos exactamente iguales, es decir, con el mismo portafolio.

    En uno de ellos, la administradora cobra 1% sobre saldo, cada año. En el segundo, cobra 3% anual sobre saldo.

    Puso $1 en cada uno, sin más contribuciones.

    Al término de 30 años, ¿qué tan grande será el primer acumulado respecto del otro?

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    1. Las AFP son bastante eficientes en lograr buenas rentabilidades para los pocos fondos que los trabajadores ponen en ellas. Y lo que cobran no es un porcentaje sobre lo que administran, sino un porcentaje del sueldo mensual de la persona que cotiza, el que es adicional a la cotización. Es decir, independiente de lo que cobren, lo que entra al fondo es siempre un 10% del sueldo imponible del trabajador. Tanto el fondo como lo que renta es absolutamente independiente de las comisiones que cobran las AFP. Por lo tanto la comparación que propones no tiene mucho que ver con cómo funciona el sistema hoy.

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      1. ¿Bastante eficientes? ¿dónde puedo ver una comparación entre el resultado de un portafolio equivalente en fondos indexados, y el resultado de los portafolios pensionales chilenos reales? Ya sabemos que hay costos de administración de fondos extranjeros y nacionales — sobre saldo total. ¿cómo sabe que son los únicos costos?

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  3. Es fundamental que las AFP incorporen variables de sostenibilidad en sus políticas de inversión, donde se consideren los temas que planteas en tu columna y otros más, como por ejemplo: calidad de los gobiernos corporativos, relación con el medioambiente, porcentaje de mujeres trabajadoras, implementación de programas de cumplimiento y anticorrupción, etc. Esto es posible aplicarlo a nivel de buena práctica, pero para darle más legitimidad es importante que la norma venga del regulador, sea por norma de la Superintendencia o derechamente por ley.

    Me gustó tu columna. Un poco más de realismo y menos populismo que abunda por estos días.

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  4. De acuerdo hasta la hora de las propuestas.
    En primer lugar, para que sea sostenible la política de invertir en empresas que aumenten salarios, estas empresas debieran ser más rentables que el promedio de lo contrario perderían competitividad y se transformarían en malas inversiones de largo plazo o generarían inflación. Ambas consecuencias neutralizarían o afectarían las ganancias de rentabilidad.
    En segundo lugar, dentro de lo que se consideran buenos criterios de decisiones de inversión se incluyen sustentabilidad, gobierno corporativo, responsabilidad social corporativa. Estos criterios (no siempre utilizados) se traducen en mejores tasas de rentabilidad de largo plazo.

    Si bien entiendo la intención, me da la impresión que lo que se propone, en realidad, se refiere a que las AFPs tomen mejores decisiones de inversión.

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    1. Hola, Rodrigo. Primero, la rentabilidad de los fondos no va necesariamente asociada a todas las otras variables que explican las pensiones. Se pueden mover en forma relativamente independiente entre sí. Así, si al incentivar empresas que paguen mejor probablemente uno tendrá menor rentabilidad invirtiendo en ellas, en el resultado final de las pensiones bien puedes salir ganando. Muchos olvidan que el objetivo real del sistema es la pensión final y no la rentabilidad, que es sólo una de las muchas variables que la determinan. Pero todas las otras variables son tomadas como parte del escenario desde el cual las AFPs buscan mayor rentabilidad. Los incentivos de las AFPs, además, son sólo sobre cobros de comisiones y rentabilidad de sus fondos. No se les asignó ninguna responsabilidad o rol en ninguna de las otras variables que determinan las pensiones. Y eso es un error. Ya que hoy con el poder económica de la suma de las pensiones de todos los trabajadores chilenos, PODEMOS comenzar a impactar también en las otras variables que determinan la pensión. Así, si es que las inversiones terminan teniendo menor rentabilidad PERO aumentan las pensiones finales, ¡bienvenidas!. El objetivo es la pensión, no la rentabilidad.

      Y sobre la preocupación por el largo plazo, ¡al revés!. Las empresas más exitosas en el largo plazo suelen ser las más responsables con sus trabajadores y sus entornos. Así lo hemos estado viendo una y otra y otra vez en el cúmulo de escándalos empresariales, en todos cuyos casos los principales perdedores han sido los trabajadores chilenos a través de sus fondos de pensiones. Sus inversiones en La Polar, farmacias, CMPC y muchas otras, han visto enormes daños debido a prácticas contrarias al bien común. La tendencia internacional es clara, particularmente para el tipo de empresas en las que los países más serios y desarrollados invierten sus fondos de pensiones. Esa búsqueda sólo de la rentabilidad del corto plazo no es ni sustentable ni buen negocio para las pensiones. Y la realidad chilena está atrasada en ello.

      Lo que se propone es cambiar la función objetivo de las políticas de inversión de los fondos de pensiones. Desde la actual maximización de rentabilidad, hacia la maximización de las pensiones futuras. Es decir, de sólo trabajar en la variable de control directo que tienes como inversionista, a usar el peso y poder económico de los fondos para cambiar todas las condiciones y variables que explican la pensión final e invertir con ese nuevo objetivo en mente. No siempre la decisión será la correcta (lo mismo pasa cuando se busca la rentabilidad, a veces se pierde), pero se tendría al principal ahorro de Chile trabajando para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores del país al mismo tiempo de mejorar las pensiones.

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