Sobre sesgos de género

Una buena ilustración sobre el sesgo de género es lo que pasó con las orquestas en EEUU y otras partes del mundo. En orquestas, cuando había una vacante para tocar un instrumento, se hacía un casting de postulantes, donde el director junto a un par de los músicos principales veían y escuchaban a cada uno y tomaban su decisión. Así, la música, según ellos, hablaba por sí sola y el resultado sería objetivo. ¿Lo fue? No. El resultado: casi todos los seleccionados eran hombres porque había un sesgo subconsciente de que los hombres eran mejores para esa función que las mujeres. Como el director y los músicos principales solían ser hombres, ese prejuicio no era desafiado. Y debido a que se seleccionaban casi exclusivamente hombres, difícilmente eso cambiaría con el tiempo. Al final, como los hombres asumían que el proceso era justo, el hecho de que se seleccionara a más hombres reforzaba sus prejuicios.

Pero en algunas partes comenzaron a hacer pruebas ciegas: sin nombre y los postulantes tocaban detrás de una cortina para que no se supiera si era hombre o mujer. Así, eliminando sesgos que no tenían que ver con el desempeño profesional. Resultado: algo más hombres que mujeres. Pero RADICAL cambio con respecto a la situación anterior.

Y en algunos lugares, fueron un paso más allá: se detectó que inconscientemente los revisores podían asumir si el postulante era hombre o mujer al escuchar sus pasos en el escenario. Así que hicieron que esos pasos no sonaran, haciendo entrar a los postulantes sin zapatos, o siempre acompañados de un hombre de sonoro caminar, para ocultar el sonido de sus propios pasos. Resultado: 50%-50% EXACTO entre hombres y mujeres seleccionados. Las orquestas pasaron de ser seleccionadas más por prejuicio que por talento, a ser conformadas exclusivamente por talento. El prejuicio fue derrotado gracias a los límites impuestos a la información de quienes seleccionaban, y las orquestas fueron mejores gracias a ello y todos tuvimos mejor música gracias al combate activo a los sesgos que ni siquiera eran conscientemente reconocidos como existentes.

El desafío de la igualdad de género es complejo. Muchas veces ni siquiera vemos lo que nos impide avanzar hacia ella. Las soluciones no siempre son evidentes. Pero el reconocimiento que la inequidad existe es un buen primer paso para estar mucho más atentos a los signos del problema, y mucho más abiertos para probar soluciones que nos permitan avanzar. Del otro lado de la montaña, tendremos una economía más justa, un país más próspero, personas más felices, y sí, también música más bella.