Alexis: meritocracia y contexto

La llegada de Alexis Sánchez al Arsenal y su sueldo millonario ha traído a colación la discusión sobre meritocracia. Con 11,5 millones de dólares al año (equivalente a 531 millones de pesos al mes), ¿Alexis lo merece? ¿Es justo?

La respuesta corta, es sí. Alexis nos provee de algo que todos queremos y estamos dispuestos a pagar por ello: buen fútbol. Más aún, está en la cumbre del fútbol mundial exclusivamente por talento y esfuerzo personal.

Como se ha mencionado repetidamente, el fútbol es profundamente justo aquí: quienes llegan a la cima no guardan mayor relación con cómo les fue a sus padres o al dinero de sus familias. La selección nacional de fútbol es probablemente la élite local que representa mejor la distribución socioeconómica del país.

Si hacemos la analogía con el resto de la economía, un buen futbolista es similar a un buen emprendedor: por esfuerzo y talento personal, logran proveernos a todos de algo por lo que estamos felices de desembolsar dinero. Nos hacen la vida mejor gracias a su trabajo y por ello pueden llegar a tener retornos económicos espectaculares, a los que no les criticamos su legitimidad o justicia.

En cambio, buena parte del empresariado tradicional chileno, de los cuales varios tienen ingresos superiores a los de Alexis, parece estar más cerca de la definición de heredero rentista que de emprendedor. De alguien que nació en fortuna y simplemente la invierte, sin crear realmente nada nuevo que le ofrezca a la ciudadanía algo que les haga la vida particularmente mejor. ¿Cuál sería la legitimidad del éxito, poder y dinero de aquel heredero rentista, si volviéramos a hacer la analogía con el fútbol? Pues imaginemos a un jugador, de grandes ligas y con sueldo similar al de Alexis, que está en su puesto por ser el hijo del entrenador o del dueño del equipo, más que por su talento o esfuerzo. Imaginemos cómo sería visto aquello por los hinchas, por sus compañeros. Ciertamente no sería ni legítimo, ni justo ni aceptable.

Si vamos a preocuparnos por lo adecuados de algunos sueldos altos, el fútbol no es el lugar donde debemos mirar.

No debemos permitir que nos convenzan que una sociedad y economía basada en la meritocracia: legítima, justa y eficiente, sea una utopía inalcanzable. Que es imposible hacer los resultados económicos de una generación independiente de la anterior, horizontalizar las oportunidades y que quienes obtengan los mayores retornos sean quienes realmente los merecen. El fútbol lo logró, porque es competitivo. Es justo. En la economía debiéramos tener claras las direcciones en que debemos avanzar para hacer de esa supuesta utopía una realidad.

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